
Ya había oscurecido. A sus pies, la ciudad vivía la vorágine propia del fin de la jornada laboral, previa al letargo nocturno. Desde su privilegiada atalaya observaban, divertidos, el constante ir y venir de gentes y vehículos, que se movían en una especie de caótico baile. Hasta allí apenas llegaba el eco de aquel estridente ruido.
Plácidamente, jugaban a saberse, y casi lo habían conseguido. Miraban las luces que alumbraban el camino hasta su montículo y las que más abajo parecían centellear por efecto del aire y la distancia. Desde allí, la ciudad parecía envuelta en un papel de celofán amarillo.
A ella le gustaba recrearse en el momento. Se sentía lejana a aquel mundo que se extendía a unos pocos metros y tan cercana a él que lo sentía dentro. Aún así, le pidió que se acercase un poco más.
- ¿Ves las luces?. Recuerdo un juego que hacía de pequeña con mi padre –dijo ella.
Se levantó un poco la camiseta, dejando al descubierto un ombligo perfecto, al tiempo que cerraba los ojos.
- Presiona mi ombligo –le dijo.
Mientras él acariciaba el ombligo, ella fue abriendo lentamente sus ojos.
- ¿Ves? Se ha encendido la farola –dijo ella, sonriendo.
Ambos rieron a carcajadas la tontería.
Ahora se percataba de la luz de la luna iluminando su cara. Sus ojos, grandes y hermosos, como nunca antes había visto en un rostro, cobraron el brillo y el esplendor propio de las estrellas, que como lentejuelas blancas y brillantes adornaban el cielo.
- Me ha gustado!. Quiero repetir!. Venga! cierra otra vez los ojos –dijo él, entusiasmado.
Cuando ella cerró los ojos, él pegó sus labios a los suyos y se unieron en un beso, largo e intenso. Ninguno abrió los ojos mientras duró, pero ambos vieron la luz, una luz tan potente y especial que durante un instante iluminó toda la colina... su colina.
Plácidamente, jugaban a saberse, y casi lo habían conseguido. Miraban las luces que alumbraban el camino hasta su montículo y las que más abajo parecían centellear por efecto del aire y la distancia. Desde allí, la ciudad parecía envuelta en un papel de celofán amarillo.
A ella le gustaba recrearse en el momento. Se sentía lejana a aquel mundo que se extendía a unos pocos metros y tan cercana a él que lo sentía dentro. Aún así, le pidió que se acercase un poco más.
- ¿Ves las luces?. Recuerdo un juego que hacía de pequeña con mi padre –dijo ella.
Se levantó un poco la camiseta, dejando al descubierto un ombligo perfecto, al tiempo que cerraba los ojos.
- Presiona mi ombligo –le dijo.
Mientras él acariciaba el ombligo, ella fue abriendo lentamente sus ojos.
- ¿Ves? Se ha encendido la farola –dijo ella, sonriendo.
Ambos rieron a carcajadas la tontería.
Ahora se percataba de la luz de la luna iluminando su cara. Sus ojos, grandes y hermosos, como nunca antes había visto en un rostro, cobraron el brillo y el esplendor propio de las estrellas, que como lentejuelas blancas y brillantes adornaban el cielo.
- Me ha gustado!. Quiero repetir!. Venga! cierra otra vez los ojos –dijo él, entusiasmado.
Cuando ella cerró los ojos, él pegó sus labios a los suyos y se unieron en un beso, largo e intenso. Ninguno abrió los ojos mientras duró, pero ambos vieron la luz, una luz tan potente y especial que durante un instante iluminó toda la colina... su colina.
8 comentarios:
La tontería de la que ríen "los jugadores" me ha embelesado por su incomparable magia literaria. La pasión y la ternura se intrincan en un juego que reta las luces de la rutina citadina para crear un universo de sensaciones paralelos al bullicio de un anochecer cualquiera. Espacios que hacen germinar destellos de piel, inolvidables. Sensualidad e inocencia, lumen que provoca abrir los ojos, capturar una centella de deseo, y cerrar el mundo para atreverse a amar, de verdad...
Maravilloso relato, mil gracias por compartirlo.
Un abrazo a los autores.
Pero que bello juego...
Ya vere de jugarlo!!!
Muy lindo tu relato, contiene la magia de la inocencia y el amor...
Muy tierno...oportuno, quizás provocador. Me gusta la descripción del momento, la sientes a medida que la lees,aborda un éxito, no?
Nyma.
Caminos amigos me han traído a tu blog. Me gusta lo que escribes y como escribes.
Me ha gustado como escribes. Enhorabuena y le deseo una larga vida a tu blog.
Gracias por tu visita y por tu detalle de responder con versos.
Un saludo
Sólo el amor alumbra a las personas.
besos
Sigues trabajando en profundidad. Me gusta. He vuelto
En algún momento esas luces se habrán encendido para todos y nuetra desesperación a la lejanía del amor es no poder verlas
dependemos de otro para que ciertos botones funcionen y las farolas enciendan
hermoso relato que me hace pensar en qué será necesario para mantener esas luces prendidas.
Un abrazo
Bien escrito.
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