domingo, 1 de noviembre de 2009

LUCES, A LO LEJOS...




-Sabes… Llevo unos días que estoy un tanto revoltosa.
No consigo poner en pie mi vida y la verdad es que, cuando llego aquí, parece que todo se esfumara con el viento. No existen las preocupaciones, ni las preguntas, ni tan siquiera las miradas retrógradas.
Podría bailar contigo eternamente, sin excusas, jugando a ser quien somos y hartarnos de contarle las pecas a la luna.
-¿Quieres una calada?
-¿De tiempo o de humo?
-Pues… de las dos cosas. No sé cuál te hace más falta, pero mientras te empujas, creo que una te llevará a la otra.

-Tengo la sensación de estar donde no debo, equidistante a dos mundos que me sublevan, por no conocer los surcos de su travesía. De tu mano, todo es más sencillo.
Éste, está fuera de ambos.

-Cambia, márchate lejos de las líneas que acarreas y sé tú misma. Quiero decir, que te envuelvas de otro lazo de sociedad.
Mira las luces de la ciudad. Ahí, resplandecientes e inmóviles. ¿Las ves?
-Sí, claro.
-Pues es estática. La óptica muestra como la luz se dispersa a millones de metros por segundo, para exhibirse así, como la observas.
Cuando se le da la refracción y canalización adecuadas, luce en su manifestación.
-¿Crees que debería actuar como un fotón? Pues no me veo yo…
-¿Piensas que estamos aquí, en este lugar, por casualidad?
Francamente, es hermoso lo que veo. Desde aquí arriba, huele a plenitud.
¿Nos acercamos un poco más?

2 comentarios:

Margo! dijo...

Un paso más cerca de la plenitud cada día... Es una buena formula!!!
Un muy lindo relato!!
Quiero una pitada de tiempo para gastarlo en lo que me plazca!

Exitos!

rubén alés plaza dijo...

Calada de tiempo, eso es lo que necesitamos para vivir respirando continuamente.

besos