jueves, 15 de octubre de 2009

CONFIDENTES



Ni siquiera podía recordar la primera vez que se fundió en sus brazos, buscando cobijo. Ahora estaba feliz, rebosante de amor, y venía a contárselo. Seguro que se pondría contento. Tal vez así pudiera compensar el desasosiego de sus últimas visitas.

Mientras recorría el sinuoso camino que les separaba, buscó recuerdos en su memoria. No había un momento importante en su vida que no le hubiera contado: la emoción de los primeros amores y la tristeza del desamor, las dolorosas discusiones con sus padres, el primer trabajo conseguido y la frustración del desempleo, con él también lloró la decepción de traiciones, la humillación de un amor destructivo, le desveló las interioridades de aquél secreto amor, le contó sus risas y sus soledades. Así, casi sin darse cuenta, habían quedado inexorablemente unidos.

El viento, suave y apacible, hacía volar levemente la hojarasca del incipiente otoño. La luz crepuscular teñía el cielo de un tono naranja pálido. La hora era hermosa, como lo era la historia de amor que quería contarle.

Cuando llegó a lo alto del promontorio, alzó la vista del suelo y de sus recuerdos y oteó el horizonte. Lo vió unos metros más abajo, donde moría el camino. Allí estaba, como siempre, esperándole con los brazos abiertos. Corrió hacía él los últimos metros... Dios!, como necesitaba verte! –dijo en un suspiro que pareció un grito-. Se sentó en su desvencijado asiento, asió sus brazos de cuerda, tomó un ligero impulso y se dejó mecer por la brisa, ingrávido e indolente.
Cerró los ojos y, tras respirar durante unos instantes aquella paz, comenzó su relato. Cuando concluyó, una ráfaga de alivio le recorrió todo el cuerpo. Nada le calmaba más que aquellos encuentros en la colina. Al marchar, con cara de felicidad y el paso más firme que a su llegada, le prometió regresar.

4 comentarios:

SeaSirens dijo...

Hermoso micro Zadok.
Le has dado vida a un columpio muy especial.
De hecho, todos deberíamos tener uno, donde volcar nuestras aventuras y desventuras.

Sabes...La unión de ese columpio y tu personaje, me recuerda algo muy especial para mí.

Me ha encantado.

Besos!!

rubén alés plaza dijo...

Hola qué tal, soy nuevo en tu blog y para empezar me ha encantado tu historia, los encuentros y reencuentros, las despedidas..., cuando quieres pásate por mi blog.

besos

El chico de la ventana dijo...

Y...regresó?

Margo! dijo...

Me ha encantado el relato, la union de una persona con su primer columpio es inigualable...
En mi jardin hay una hamaca, de las grandes en las que se sientan varias personas... Mi abuela me la dejo en herencia! Y simplemente no hay mejor lugar para descansar en los atardeceres de verano!

Exitos miles!
Regresare en breve!