
Abrí los ojos y ahí estaba.
El complaciente astro reverberaba en cada pared de la habitación, a una hora que impredeciblemente, nos había sorprendido.
Sus alongadas pestañas permanecían impávidas, mientras yo disfrutaba de esa sensación de plenitud que me invade cuando estoy junto a él.
Después de tanto tiempo de nostalgia, ya no habían excusas para sentir lo que estaba sintiendo y tener la certeza de que mi amor por él, casto e inquebrantable, iba a acompañarme el resto de mis días.
Sus manos son las de un virtuoso pianista, expresivas y eufónicas, igual que su actitud, en consonancia con su equilibrio, que a veces pareciera inverosímil, por su magnánima dedicación a todo ello.
Siempre creí que esto, ya no brotaría de la misma forma que lo hizo en el pasado, que los arañazos que aún se vislumbraban en mi piel, impedirían un amor íntegramente sano, pero de nuevo, me equivoqué.
Esa mañana de invierno, con el gorjeo de las gaviotas revoloteando encima de nosotros, pude advertir ese sentimiento. Pude fijarme en el momento y de nuevo, ser feliz.
Hoy abrí los ojos y no estaba ahí.
El sol no se puso en ninguna pared. Ni siquiera lo vi venir.
Sus manos están muy lejos, pero su voz, hoy más que nunca, acompaña mi decisión, pero también mi vacío y mi tristeza.
Esta mañana de invierno, él, no estaba ahí…
El complaciente astro reverberaba en cada pared de la habitación, a una hora que impredeciblemente, nos había sorprendido.
Sus alongadas pestañas permanecían impávidas, mientras yo disfrutaba de esa sensación de plenitud que me invade cuando estoy junto a él.
Después de tanto tiempo de nostalgia, ya no habían excusas para sentir lo que estaba sintiendo y tener la certeza de que mi amor por él, casto e inquebrantable, iba a acompañarme el resto de mis días.
Sus manos son las de un virtuoso pianista, expresivas y eufónicas, igual que su actitud, en consonancia con su equilibrio, que a veces pareciera inverosímil, por su magnánima dedicación a todo ello.
Siempre creí que esto, ya no brotaría de la misma forma que lo hizo en el pasado, que los arañazos que aún se vislumbraban en mi piel, impedirían un amor íntegramente sano, pero de nuevo, me equivoqué.
Esa mañana de invierno, con el gorjeo de las gaviotas revoloteando encima de nosotros, pude advertir ese sentimiento. Pude fijarme en el momento y de nuevo, ser feliz.
Hoy abrí los ojos y no estaba ahí.
El sol no se puso en ninguna pared. Ni siquiera lo vi venir.
Sus manos están muy lejos, pero su voz, hoy más que nunca, acompaña mi decisión, pero también mi vacío y mi tristeza.
Esta mañana de invierno, él, no estaba ahí…
5 comentarios:
Pronto expirará el día y todavía no me he levantado. Un maldito impostor lo hizo por mí, a la orden de un despertador que ni miró. Como un autómata, se duchó, se dirigió al trabajo y, apático e indolente, atendió mis escritos y obligaciones. Compartió mesa con unos amigos, pero no es capaz de recordar lo que comió ni de qué se habló. Después sesión de fisioterapia y...
¡Qué poco sabe la ciencia de lo humano!. Desde anoche no respiro. Casi veinticuatro horas desde mi último hálito y no muero. Tampoco vivo. Sólo existe esta opresión en el pecho y el inmenso vacío.
En el fondo de la habitación, Satie, al piano, parece sonreirme.
-Sabía que volverías -atina a decirme.
Hoy no hay día, ni noche... sólo silencio, su silencio.
Que tristes son los días de inviernos sin nadie que te abrigue.
besos
Bendita la nostalgia que permite que escribas cosas como esta. Gracias. Un abrazo.
...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
TE SIGO TU BLOG
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
AFECTUOSAMENTE
EL COLUMPIO EN LA COLINA
DESEANDOOS UNAS FIESTAS ENTRAÑABLES DE NAVIDAD 2009 ESPERO OS AGRADE EL POST POETIZADO DE CREPUSCULO.
José
ramón...
Zadok, gracias por tus palabras
me ha gustado tu blog :)
hasta pronto!
feliz navidad y besos para ti
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